San Francisco lleva 100 años a punto de lograr la plena gestión pública de la energía. PG&E ha intentado impedirlo prácticamente todo este tiempo.

Hay una razón fundamental por la que ciudades del Área de la Bahía como Alameda, Santa Clara y Palo Alto han podido gestionar con éxito sus sistemas eléctricos públicos locales durante la mayor parte del siglo pasado: sus empresas eléctricas municipales se crearon en la década de 1890, años antes de la fundación de PG&E.

Tras haber superado décadas de fusiones entre empresas de servicios públicos y los intentos de adquisición por parte de PG&E, estos proveedores locales de energía ofrecen a sus clientes lo mismo que las más de 50 empresas públicas de suministro eléctrico que hay en California: un servicio fiable, a tarifas más bajas, sin el caos, el despilfarro y las quiebras periódicas de PG&E.

San Francisco cuenta con un sistema eléctrico público desde hace casi tanto tiempo como sus vecinas de la Bahía: Hetch Hetchy Power lleva más de 100 años en funcionamiento (y los programas eléctricos locales suministran actualmente más del 75 % de la electricidad que se consume en la ciudad).

Los habitantes de la ciudad podrían haber disfrutado durante todo el siglo pasado de todas las ventajas de un auténtico sistema eléctrico público de no ser por una cosa: en 1925, unos años después de que la finalización de la presa O’Shaughnessy en Sierra Nevada abriera el acceso a una nueva y enorme fuente de energía hidroeléctrica, la ciudad estaba preparada para suministrar esta electricidad barata a San Francisco, pero carecía de líneas de transmisión para transportar la energía hasta allí.

En busca de una solución temporal, los dirigentes municipales se asociaron con PG&E, cuyas líneas eléctricas privadas podían suministrar la electricidad el resto del trayecto. El Ayuntamiento acordó vender la energía de Hetch Hetchy a PG&E a precios al por mayor, hasta que pudiera solicitar a los votantes que aprobaran una emisión de bonos para financiar el resto de su proyecto de energía pública.

Fue una decisión que ha lastrado los esfuerzos en materia de energía pública durante, literalmente, un siglo.

El Ayuntamiento sometió a votación varias medidas sobre bonos durante los siguientes quince años o más, contra las cuales PG&E hizo campaña activamente, mientras se embolsaba los beneficios que cobraba a los clientes de San Francisco por su propia electricidad. El Gobierno federal intentó poner fin a este acuerdo corrupto y acudió a los tribunales para argumentar que el Congreso solo había autorizado la construcción de la presa de Hetch Hetchy siempre y cuando la electricidad generada no se vendiera a PG&E.

PG&E, sin embargo, hizo lo que mejor sabe hacer: retrasar, distraer y volver a retrasar; en este caso, durante décadas.

Tras socavar los esfuerzos de la ciudad por emitir bonos y poner trabas a los cargos electos a cada paso, la empresa de servicios públicos encontró nuevas formas de cobrar a la ciudad por sus servicios. Desde las tasas de «transporte» y «garantía de suministro» impuestas en la década de 1980 hasta los más de 1.000 millones de dólares en equipos innecesarios que PG&E intentó cobrar a San Francisco en los últimos años, la estrategia de PG&E siempre ha sido la misma.

Los dirigentes de San Francisco, sin embargo, reconocen que tienen todo el derecho a llevar a término lo que la ciudad comenzó hace más de un siglo.

Por eso, en 2019, el Ayuntamiento presentó su primera oferta en efectivo, por valor de 2.500 millones de dólares, para adquirir los activos eléctricos locales de PG&E y completar la transición a la energía pública.

Por eso el Ayuntamiento ya ha obtenido el visto bueno de los votantes para utilizar bonos de ingresos con el fin de financiar la compra, antes de que PG&E pudiera volver a socavar otra campaña electoral.

Por eso no nos conformamos con la negativa habitual de PG&E y hemos solicitado a la Comisión de Servicios Públicos de California una valoración formal del valor de mercado del sistema.

Y por eso también hemos iniciado el proceso de evaluación ambiental necesario para llevar a cabo esta compra.

La energía pública llega a San Francisco. Lleva más de 100 años en camino.

Y esta vez, no vamos a permitir que PG&E se interponga en nuestro camino.

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